domingo, 29 de julio de 2018

LA HUERFANA de Jaume Collet-Serra.


LA HUERFANA de Jaume Collet-Serra.
2009. Drama, terror. P: 8/10.
Director: Jaume Collet-Serra.
Intérpretes: Isabelle Fuhrman (Esther), Vera Farmiga (Kate), Peter Sargaard (John), Jimmy Bennett, Aryana Engineer, Margo Martindale, Cch Pounder, Rosemary Dunsmore.
Musica: John Ottman.
Fotografia: Jeff Cutter.
Sinopsis: John y Kate son un buen matrimonio, con un hijo y una niña que nació prácticamente sorda, y están esperando al tercero pero, a este, lo pierden. Sobreponiéndose deciden adoptar a un niño de un orfanato local donde encuentran a  la niña perfecta, Esther. A partir de su llegada las cosas empiezan a retorcerse, a complicarse en exceso y secretos oscuros empiezan aflorar.  Kate empieza a pensar que hay algo maligno en la niña y deberá intentar descubrirlo para poder salvar a su familia…
Comentarios: Toda una gran sorpresa después de “La casa de cera de 2005”, de un director al que habrá que seguir en sus próximos rodajes.
Muy efectiva, sorprenden en el tono y en la forma de presentarnos los hechos, en ese terror profundo que subyace tras escenas y escena, siempre de forma trayente y audaz.
De entrada nos sorprende con una escena de un realismo tremendo, dramático, la pérdida del bebe por la mujer en el paritorio. Escena descarnada, brutal, que te roe las entrañas. Ya vale de por sí como una lección de cómo rodar algo así sin caer en la ñoñería, el falso dramatismo o en lo grotesco.
Sigue con una escena llena de una belleza especial, una escena íntima en la que la madre le cuenta un cuento a su hija sordomuda, toda llena de gestos alados hablando de ángeles en el cielo y de amor que se respira fotograma tras fotograma. Toda una lección de buen hacer que te engancha y te conmueve y te hace desear tener una niña así para poder arroparla en la cama y contarle los cuentos de siempre.
Y todos los esquemas te los rompe en una escena casi banal ya filmada otras veces. Empieza con la alegría y los juegos de los niños en un parque infantil. Unos planos cortos, unas miradas y, de pronto, el parque se transforma, lo transforma, en un lugar lleno de miedos, de terrores, que respira malignidad por todos los rincones y nos hace pasar un mal rato. Ya nunca miraremos esos parques infantiles con tanta inocencia…
Hay dos escenas complementarias de una tercera que son las de la sicóloga. La primera sola con Kate, todo bien. La segunda con los dos padres después de ser manipulada por la niña y las cosas ya no tan bien. La tercera con John en la que a la pobre le hacen pasar el confesionario y casi la locura…. ¿espejo del pensamiento de los sicólogos manipulados fácilmente?
Y, cómo no, delicada como seda la escena del intento de seducción del padre ya medio borracho tras haber trasegado una botella de vino y eso que él no es el alcohólico. Pocas veces la cámara se ha mostrado de esta forma tan sugerente y perversa y, al tiempo, se ha controlado todo de forma digna y épica...
Los últimos treinta minutos son de esos de permanecer agarrado al sillón casi sin recordar respirar, de una angustia opresiva que, ni cuando parece que todo ha acabado, se puede eliminar de nuestro pecho.
Una gran película alejada de todos los tópicos, sin caer en demasiadas salvajadas, casi un dramón de los de verdad, en esos límites del buen cine y que se escapa un poco de los géneros.





















































Musica: John Ottman.

Fotografia: Jeff Cutter.

Sinopsis: John y Kate son un buen matrimonio, con un hijo y una niña que nació prácticamente sorda, y están esperando al tercero pero, a este, lo pierden. Sobreponiéndose deciden adoptar a un niño de un orfanato local donde encuentran a  la niña perfecta, Esther. A partir de su llegada las cosas empiezan a retorcerse, a complicarse en exceso y secretos oscuros empiezan aflorar.  Kate empieza a pensar que hay algo maligno en la niña y deberá intentar descubrirlo para poder salvar a su familia…

Comentarios: Toda una gran sorpresa después de “La casa de cera de 2005”, de un director al que habrá que seguir en sus próximos rodajes.

Muy efectiva, sorprenden en el tono y en la forma de presentarnos los hechos, en ese terror profundo que subyace tras escenas y escena, siempre de forma trayente y audaz.

De entrada nos sorprende con una escena de un realismo tremendo, dramático, la pérdida del bebe por la mujer en el paritorio. Escena descarnada, brutal, que te roe las entrañas. Ya vale de por sí como una lección de cómo rodar algo así sin caer en la ñoñería, el falso dramatismo o en lo grotesco.

Sigue con una escena llena de una belleza especial, una escena íntima en la que la madre le cuenta un cuento a su hija sordomuda, toda llena de gestos alados hablando de ángeles en el cielo y de amor que se respira fotograma tras fotograma. Toda una lección de buen hacer que te engancha y te conmueve y te hace desear tener una niña así para poder arroparla en la cama y contarle los cuentos de siempre.

Y todos los esquemas te los rompe en una escena casi banal ya filmada otras veces. Empieza con la alegría y los juegos de los niños en un parque infantil. Unos planos cortos, unas miradas y, de pronto, el parque se transforma, lo transforma, en un lugar lleno de miedos, de terrores, que respira malignidad por todos los rincones y nos hace pasar un mal rato. Ya nunca miraremos esos parques infantiles con tanta inocencia…

Hay dos escenas complementarias de una tercera que son las de la sicóloga. La primera sola con Kate, todo bien. La segunda con los dos padres después de ser manipulada por la niña y las cosas ya no tan bien. La tercera con John en la que a la pobre le hacen pasar el confesionario y casi la locura…. ¿espejo del pensamiento de los sicólogos manipulados fácilmente?

Y, cómo no, delicada como seda la escena del intento de seducción del padre ya medio borracho tras haber trasegado una botella de vino y eso que él no es el alcohólico. Pocas veces la cámara se ha mostrado de esta forma tan sugerente y perversa y, al tiempo, se ha controlado todo de forma digna y épica...

Los últimos treinta minutos son de esos de permanecer agarrado al sillón casi sin recordar respirar, de una angustia opresiva que, ni cuando parece que todo ha acabado, se puede eliminar de nuestro pecho.

Una gran película alejada de todos los tópicos, sin caer en demasiadas salvajadas, casi un dramón de los de verdad, en esos límites del buen cine y que se escapa un poco de los géneros.

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